Y, aun siendo tuya, recuerda que no te pertenezco. Que estoy aquí de propia voluntad, porque me lo pide el cuerpo. Que igual que llegué puedo marchar, despacio o lento. Y recuerda, y no olvides, que también me puedo quedar.
Según me traten tus dedos. En base a tus caricias, me voy o me quedo.