Y lo peor es que es una realidad. Te has ido y no vas a volver. Y me quedaron cosas por decirte, y nunca supe del todo lo que habías significado. Ha pasado la noche y me he dado cuenta de que es cierto, no estás. Te has ido, nos has dejado a todos. ¿Por qué? ¿Y por qué me duele tanto? Deberías haber sido una de esas personas que pasan por mi vida a diario sin sentido. Pero fuiste mucho más. Mucho más porque eras una grandísima persona. Porque tenías luz propia y todo brillaba a tu paso.
No cesan tus carcajadas en mi cabeza. Y miro a la pared, blanca, y veo tu cara. Veo tu sonrisa y tus ojos, ese sueño de sonrisa junto a la mirada que cualquiera querría. Me enseñaste la nobleza de tu alma y eso es imposible de olvidar. Era demasiado obvia, demasiado clara, demasiado mágica.
Estabas vivo. Eras el más vivo de todos. Eras fuerte. Eras un terremoto. Y no estás, así de repente. Es como cuando vas conduciendo, "se ha puesto el semáforo rojo de repente". No es así, nunca pasa así, antes está en ámbar. Pero no lo has visto, te has despistado y no te explicas como puede pasar de un extremo a otro en un segundo. Me alegro de no haberlo visto. Aunque duela imaginar que nunca nos volveremos a cruzar, aunque cueste asimilarlo, es mejor un recuerdo limpio. Un recuerdo de ti en toda tu grandeza, en toda tu humanidad, en plena vida. Un recuerdo que la agonía de la enfermedad no ha podido perturbar.
Es uno de esos momentos en que rezo. Rezo. Yo que nunca rezo, que no creo en dioses ni vírgenes, ni en iglesias católicas u ortodoxas. Rezo a ese "algo más" por que no sufrieras demasiado, por que no fuese un proceso largo. Porque te llevara así, feliz. Y corriendo, como tú lo hacías detrás del balón. Y rezo porque necesito creer que existe ese "algo más" que te dará un lugar. Un lugar donde hagas felices a los demás como hiciste aquí con todo aquel al que te cruzaste. Un lugar donde vivas sin dolor y donde algún día nos volvamos a encontrar.
Páginas
martes, 8 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
Y el mundo es un lugar fugaz, más breve e intenso de lo que yo creía...
Estaba vivo, era el más vivo de todos. Corría por aquellas escaleras arriba y abajo. Siempre buscaba a alguien, a una de las chicas de su pueblo, y normalmente para nada. Pero sus ojos recorrían todo el A.42 y una sonrisa pícara se dibujaba en su cara. Observaba el ir y venir de chicas a su alcance. Y lo llamaban, lo llamaban porque no podía entrar al pasillo de las chicas. Le regañaban y amenazaban con castigos una y otra vez, pero salía airoso porque decía que sólo estaba asomado a la puerta. Claro, normalmente ponía a alguien a vigilar antes de entrar. Cuando el formador llegaba, él ya estaba fuera.
Se sentaba en las escaleras al salir de clase a ver a todas bajar, y era el primero en sentarse en el comedor al lado de cualquier chica guapa. Jugaba con la comida, siempre hacía trastadas. Me enseñó a robar comida del comedor. Lo que sobraba de las meriendas. Él siempre sonreía y nadie le regañaba.
Jugaba al fútbol, a las cartas, estudiaba. Y reía joder, reía. Reía sin parar. Tenía unos dientes perfectos, una boca perfecta, unos ojos grandes y expectantes. Era como si supiera que tenía que abrirlos mucho para ver todo lo que había en el mundo, porque era muy grande eso de allá afuera. Casi se salían de sus órbitas, él era impresionable, siempre estaban así. Excepto cuando guiñaba, cuando guiñaba y sonreía. Conseguía lo que quería.
Y pasan los años, y la gente se olvida y hace sus vidas. Y un día ves una foto, y decides que quieres saber más de esa persona, que quieres recordar, que ¿cómo será de guapo ahora? Y de repente ya no está. Quizás siempre supo que no tenía mucho tiempo.
Ese huracán de energía se fue. Eras ruido, y te has convertido en silencio.
Y no es que me dejes el corazón vacío, porque realmente nunca lo llenaste. Pero el alma anda desconcertada. No se ha ido un compañero, no se ha ido un amigo. Te has ido tú. Tú como persona. Tú como esa inyección de energía que tu alrededor necesitaba. Tú como el arcoiris en los días de lluvia. Tú como el Sol en los días grises. Tú como la energía que hacía falta dentro de aquella monotonía de internado ubetense. Tú como la fuerza del mundo. Tú, como paradigma de la VITALIDAD.
¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo la vida da semejantes regalos al mundo y luego se los quita?
Se sentaba en las escaleras al salir de clase a ver a todas bajar, y era el primero en sentarse en el comedor al lado de cualquier chica guapa. Jugaba con la comida, siempre hacía trastadas. Me enseñó a robar comida del comedor. Lo que sobraba de las meriendas. Él siempre sonreía y nadie le regañaba.
Jugaba al fútbol, a las cartas, estudiaba. Y reía joder, reía. Reía sin parar. Tenía unos dientes perfectos, una boca perfecta, unos ojos grandes y expectantes. Era como si supiera que tenía que abrirlos mucho para ver todo lo que había en el mundo, porque era muy grande eso de allá afuera. Casi se salían de sus órbitas, él era impresionable, siempre estaban así. Excepto cuando guiñaba, cuando guiñaba y sonreía. Conseguía lo que quería.
Y pasan los años, y la gente se olvida y hace sus vidas. Y un día ves una foto, y decides que quieres saber más de esa persona, que quieres recordar, que ¿cómo será de guapo ahora? Y de repente ya no está. Quizás siempre supo que no tenía mucho tiempo.
Ese huracán de energía se fue. Eras ruido, y te has convertido en silencio.
Y no es que me dejes el corazón vacío, porque realmente nunca lo llenaste. Pero el alma anda desconcertada. No se ha ido un compañero, no se ha ido un amigo. Te has ido tú. Tú como persona. Tú como esa inyección de energía que tu alrededor necesitaba. Tú como el arcoiris en los días de lluvia. Tú como el Sol en los días grises. Tú como la energía que hacía falta dentro de aquella monotonía de internado ubetense. Tú como la fuerza del mundo. Tú, como paradigma de la VITALIDAD.
¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo la vida da semejantes regalos al mundo y luego se los quita?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)