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domingo, 16 de febrero de 2014

Y si...

¿Y si para verme no hay que mirarme ni admirarme, sino leer unas letras? ¿Y si bastara con unas páginas, cientos de páginas, para saber mi historia? ¿Y si mi historia no fuese mía, sino un montón de historias leídas entrelineas de otros que no soy yo? ¿Y si me crees vestida, pero te di desnuda el alma? Así, engalanada de poesía. Engañosa, retorcida, dudosa, pura, llena o vacía. Poesía. De otros que no soy yo, pero que leyeron mi mirada. ¿Y si para ser tuya has de desnudarme el alma? En el pecho, en las entrañas...

lunes, 10 de febrero de 2014

     ¿Y si contra por contra, renuncio a ti, renuncias a mi, renunciamos a los vapores de la fantasía? Y si es posible, ¿por qué no hacerlo? Y si la renuncia es el principio del comienzo... vamos, renunciemos.

     ¿Y si no queremos?

Tengo ganas.

Tengo ganas.
De quererte y que me quieras.
De que nos amemos.
Nos odiemos,
nos tumbemos,
nos enfrentemos.
De volvernos a querer.

sábado, 8 de febrero de 2014

Los gatos no pertenecen a nadie

     Le estaba echando de menos. Pero se contenía. Se había dado cuenta de que arrimarse no era tan fácil sin caricias, y el ronroneo era cosa de gatos. Y si, era un gato. Por eso había permanecido a su lado.
     Respondía, respondía siempre a las miradas, a los gestos, a las caricias. Con las provocaciones, arañaba. Cuando fueran, no importaba. Era un gato, se adaptaba. Las distancias de tiempo eran dispares, y aún se quedaba. Todo estaba bien. No había prisas, no había  contratos. La comodidad primaba.

     Y desapareció. Porque los gatos no pertenecen a nadie.

domingo, 2 de febrero de 2014

Libros

     El problema es que todo lo aprendí de los libros. Todo. Y no dejan de ser eso, libros. Todo lo aprendí  como ellos lo contaban, a través de sus palabras, con pasión. Pero era pasión literaria, no humana. Quizás, tan sólo si alguien me hubiese enseñado una sola de las cosas de la vida, habría sido distinto. Si únicamente me hubiesen explicado otros cómo era vivir la realidad, al menos habría estado preparada para alguna de las cosas de la vida. Pero los libros no te preparan para eso. Ellos te preparan para soñar o angustiarte hasta el final. Y luego cerrar la página. A lo mejor es eso lo que no aprendí. Hay que cerrar más páginas.