Acepté el mando, no quedaba otro remedio. No estábamos preparados y en poco tiempo hubimos de zarpar. De 127 navíos dispongo, a cuál más impetuoso, creyendo posible ganar. Mas el mando es mío sólo, conozco la dificultad. Allá el canal de la Mancha espera dispuesto a tragar. ¿Pero qué hacer sino luchar? Cumpliré mi cometido, pese a quien pese en el mar bravío.
Algunos barcos hemos perdido en el camino, pero seguimos. Canal de la Mancha conseguido. Ellos aún no pueden zarpar, sus barcos aguardan en los puertos. Yo en la Grande y Felicísima, a barlovento.
El temporal es engañoso, pero no hemos de volver atrás. Sería ruín y cobarde, dejaría de ser de España Grande. ¿Qué futuro nos depara? De verdad que no lo sé. Quizás el barco naufrague, quizás pronto regresaré. El destino ya no importa, recordaré que en el camino hice grandes amigos. ¿Volveremos juntos? No lo sé. De aquesta afrenta el valor es lo importante, que miedo y penas ya pasé. Si morimos será honor y gloria, pues creímos en vencer.
Y aquí me enfrento en vida a tempestades, imposibles luchas y metas prohibidas.
Todo en calma y sin movimiento, que ya tendré el favor del viento.
"Se te está viendo la otra. Se parece a ti: los pasos, el mismo ceño, los mismos tacones altos todos manchados de estrellas. Cuando vayáis por la calle juntas, las dos, ¡qué difícil el saber quién eres, quién no eres tú! Tan iguales ya, que sea imposible vivir más así, siendo tan iguales. Y como tú eres la frágil, la apenas siendo, tiernísima, tú tienes que ser la muerta. Tú dejarás que te mate, que siga viviendo ella, embustera, falsa tú, pero tan igual a ti que nadie se acordará sino yo de los que eras. Y vendrá un día -porque vendrá, sí, vendrá- en que al mirarme a los ojos tú veas que pienso en ella y la quiero: tú veas que no eres tú."
Ciertamente, querido maestro, se me está viendo. Los mismos pasos, el mismo ceño... porque esta otra ahora también soy yo. Tal vez un día pensé que era mejor que no me vieran, fue entonces que compré mi máscara de carnaval. Porque la frágil, la apenas siendo, tiernísima, era necesario esconderla. Cuando eres buena, te hacen daño, y ahora nadie sabe cuando me hace daño. Pero este es mi secreto, no un embuste. Jamás dejaré que me mate, pero no podía permitir que lo hiciese esta sociedad. Si tú aún recuerdas quién era, si sigo siendo aquella en la que piensas... cuando seas tú quien me mire, profundamente y de corazón, me verás. Los ojos nunca mienten. Pero para ello no has de volver la vista, no has de dejarte llevar por mis vestidos, ni mi espíritu olvidadizo, tampoco cuando digo "paso de todo". Porque al mirarme a los ojos, si piensas en mi y verdad es que me quieres, verás que no te estoy mintiendo, que lo que quiero es salir, que veas más allá de mi.
Y desde dentro te grito, grito al mundo: "¡¡Estoy aquí!!" Y el día que alguien sobre las máscaras lo vea, dejaré caerlas todas, como phryné su manto, y quedará desnuda mi alma. No pienses que es miedo a salir, sólo espero el momento adecuado. Rezo porque jamás Salinas en mi vida llegue a escribir "el alma tenías..." porque la dejé siempre abierta y no supo verla.
Porque a pesar del poco tiempo, nosotras nos conocemos.
Hoy debería dedicar parte de mi tiempo al remordimiento tras unas fiestas de San Jorge que quedarán para el recuerdo, pero me ha pasado algo. Algo que me apena sobremanera, tal vez porque estoy cansada.
Esta mañana en el coche hemos escuchado una noticia donde Rouco Varela aducía a la caridad como medio para salir de la crisis. He sonreído. Una sonrisa quizás melancólica, y de otra parte irónica.
Nos pasamos la vida buscando culpables a todo, pero nunca nos ponemos de acuerdo. Apenas sé quién es ese señor, solamente que es arzobispo, o eso me han dicho. Pero qué bonito sería que existiese eso de "la caridad". Que los niños en el colegio aún aprendieran su significado, que fuese algo más que una palabra del diccionario. Pero lo cierto es que hoy nadie se acuerda de ello. Y yo no hago más que recordar a mis abuelas, a las que nunca conocí, mas siempre me hablan bien de ellas. Quizás la gente antes estaba hecha de otra manera.
Papá siempre me ha dicho que a la abuela "le daban el pan por la puerta delantera y lo regalaba por la de atrás". Y con ello tantas otras cosas. Yo una vez dije en clase sobre el aborto, comentando eso del "cheque bebé", que una madre siempre podrá criar a su hijo, y la gente se me echó encima hablando de "dinero". Dinero. Cuando mi madre me decía que había que apreciar los "pequeños detalles", nunca pensé que esos "pequeños detalles" pudieran ser monedas. ¡¡O papeles!! Hoy nadie es capaz de comprar un bocadillo al que pasa hambre. Pero la vida da vueltas, ¿nos veremos en ese lugar? Quien sabe.
Y papá me llevó hace unos días a ver el tesoro del Señor de Sipán, ahora expuesto en Cádiz. Allí me explicó que en la cultura mochica existía una especie de "Seguridad Social". Cuando un matrimonio se casaba se le concedía un trozo de esa tierra desagradecida, un trozo en vertical, para que pudiesen trabajarla en sus distintos niveles y sacar el máximo provecho de los diferentes tipos de cultivo. Y la tierra era de todos, las de huérfanos, ancianos y viudas tocaba cuidarlas al resto.
Entonces era distinto, también había menos gente. ¿Pero tanto hemos cambiado? Ahora la gente comercia con cuerpos, vivos y muertos. Todo es dinero.
Hace poco me dijeron que puede conocerse a una mujer por el contenido de su bolso. No tengo a nadie para analizar ahora, pero lo cierto es que me parece curioso. ¿Qué puede pensar la gente de mi por cuatro cachibaches? ¿Alguien se atreve?
Detallo a continuación el contenido de mi bolso hoy Domingo:
Móvil
2 piruletas de corazón
Media tableta de chocolate (con lacasitos)
Barra de cacao
Contorno de ojos
Gloss
Barra de labios
Pegatinas (de mi sobrina)
Cepillo de dientes y pasta
Pañuelos
Mechero (no fumo)
Llaves de casa
Colirio
Peine pequeño
Tarjetas de la universidad y DNI
Preservativo (amuleto de una amiga más bien)
Dinero
Tras esta enumeración me he dado cuenta de que el bolso es bastante pequeño, lo mío debe ser síndrome de Diógenes o algo así.
- Hola... (¿Puedo pasar?)
- Entra... no te esperaba tan pronto (No te esperaba). ¿Te apetece un té? (Me desconcierta tu mirada).
- Sí, gracias (... por dejarme entrar). ¿Qué tal el día? (Estoy aquí).
- Normal, estudiando y eso... (Sorprendente. No te esperaba. ¿Qué haces aquí?). ¿Qué tal a tí?
- Bien (Mal). Algo aburrido, decidí dar una vuelta (Aún me acuerdo del camino). ¿Hay tarta? (Si es que aún las haces).
- Sí (... recordemos viejos tiempos). Ahora también uso almendras (Lo que nos queda es la esencia).
- Debe ser apetitosa ( ¿Puede recuperarse el tiempo perdido? )
- Prueba... (Tal vez, entra).
"No tengas miedo de demasiadas cosas. Es peligroso. No hables demasiado. Lo echarás todo a perder. No te agobies con tus preocupaciones. La chica que vas a conocer no se parece a nadie que conozcas. Cuando la veas, puede que sientas un hormigueo. No te encierres en ti mismo. No te abras de par en par. No pienses en ello a menudo, pero no dejes que se te olvide. Esa chica está ahí fuera." Go Fish
De pronto se encontraba allí, otra vez. El pulso le temblaba y el sudor caía por su frente, otra vez. Abrió la puerta sita en la magnífica cristalera y se decidió a entrar, una vez más. Una, dos, tres... La taza de té se encontraba en la mesa de siempre, con esos incomprensibles apuntes al lado. La misma silla vacía... junto a su compañera ocupada.
- ¿Te apetece un café?
- No, gracias...
Entonces despertó. Otra noche sin descansar. Se dirigió al baño, entró en la ducha y abrió el grifo. El agua resbalaba por su ropa sudada. Así desde hacía un mes. O dos. Lo que parecía sueño se estaba convirtiendo en pesadilla.
"¡¡Pusilánime!! Esto nunca te ha pasado". - Se repetía.
El Gran Café Italiano, allí fue donde la vio por primera vez. Ella, con su sedoso pelo negro y bajo las gafas escondida. Es curioso que nunca pasara inadvertida. Sergio sabía que iba cada día. La veía desde fuera al pasar, a través de aquella ostentosa cristalera.
El primer día pensó entrar, pero no consideró su indumentaria adecuada. El segundo iba dispuesto a ello, mas no se sintió capaz. El tercero... "¡¡Bah!! Seguro que espera a alguien". Y desde entonces lo mismo.
Se cansó. Meditó y llegó a la conclusión de que, a sus 30 años, ya debía comportarse como un hombre. ¿Qué importaba una negativa más? Ya las tenía cada noche... Él, que siempre tenía lo que quería. Pero ya no era tan joven... o quizá la chica lo era en demasía... O tal vez le indignase que el día que entró ella no lo hubiese mirado... "Basta".
Se levantó del escritorio donde trabajaba, cogió las llaves y salió de casa. Así, en chándal. Caminó rápido hasta el Gran Café. No miró a través del cristal, no se detuvo en la puerta. Una, dos, tres... Ella levantó la vista.
- ¿Te apetece un café?
- No, gracias...
Él la miró y sonrió. Tampoco había sido para tanto, aunque ahora puede que incluso estuviese más interesado.
Celos: Deficiencia mental padecida por personas con poca seguridad en sí mismas y un creciente sentimiento de inferioridad. Resumidamente: Estado de subnormalidad absoluta.
No lo entiendo, nunca lo he entendido, y tampoco lo voy a entender. Supongo que el haber estado sometida a la desconfianza de un "hombre" con celos incontrolados tiene parte que ver en éso. Pero si entonces no lo comprendía, a día de hoy, tras padecerlo, mucho menos.
¿Quieres cargarte una relación? Unas gotitas y ya está hecho. No es necesario que haya amor pasional de por medio, una amistad también puede romperse por esto.
Dime, ¿qué tienen los demás que no tengas tú? Sin duda, muchas cosas. Pero porqué no mejor planteas otra duda: ¿QUÉ TIENES TÚ QUE NO TENGAN LOS DEMÁS? Y, si no sabes responderte a eso, querido amigo, tienes un grave problema. Todos, absolutamente todos, nacimos con un don; una cualidad que nos hace especiales, algo que no tienen los demás. Busca dentro de ti, o incluso fuera, pero algo tienes que te hace único, aprende a usarlo. O quizás sea yo que soy muy optimista, no olvidemos que éste es mi punto de vista.
Si tras mucho buscar, en lugar de encontrar tu don, encuentras muchos en los demás y acabas respondiendo a la primera pregunta, estás enfermo. Si, lo diré así, estás ENFERMO. Y no creas que es menos que el VIH o cualquier tipo de cáncer, yo diría que puede incluso llegar a ser peor. Los celos son una enfermedad que al principio te hacen perder la razón, pero eso también lo hace el amor, ¿no? El problema de estos es que te consumen en vida, y si no paras el carro amigo, acabas bajo las ruedas.
Primeros síntomas: Cierto resquemor al ver a alguien.
Consecuencias: Pérdida del cabello, canas, ansiedad, descontrol hormonal (incluso variación del menstruo), insomnio, nerviosismo, reducción de la capacidad de concentración, amistades perdidas, daño a la persona querida...
No voy a matizar desde qué grado pueden considerarse peligrosos los celos, a qué nivel hay que llegar, yo considero peligroso el simple hecho de sentir un poco. Tener celos de alguien, o algo, es no quererse a uno mismo, ¿y yo cómo no me voy a querer? ¡Si soy estupenda! Una lástima que en cierto momento estuviese en el papel de víctima y considerara que esa situación podía cambiar. Los celos siempre van a más. Y es que yo veía que esa persona sufría por dentro, y compartía su sufrimiento. Tarde un poco en enterarme de que no es necesario pasar por eso, si alguien debe cambiar ha de hacerlo solo, y es un largo recorrido. Los celos, una vez que te dejas llevar por ellos arrasan con todo, llegan a terminar con lo humano. En su punto máximo, te quedas sin eso que llamamos "alma".
Y ya me voy por las vías de Tarifa. Lo que quiero decir es que los que están a tu alrededor también sufren tu enfermedad, es infecciosa. Por mucho que intentes buscar la lógica a tus argumentos y justificar tus actos, ni unos tienen lógica ni los otros son justificables. Y, al final de todas estas historias te quedas solo, porque te has perdido hasta a ti.
Vas a un bar a tomar algo con unos amigos y no dejas de enviar mensajes a tu pareja para asegurarte de que esté en casa. "¿Y si ha salido? ¿Y si te está poniendo los cuernos? ¿Y si ha hablado con su ex? Desconfianza, resquemor. ¿De qué estaban hablando? Ah sí, fútbol, ¿qué partido? La cuenta, nos vamos." ¿Te lo has pasado bien?
Y si quieres a alguien, si verdaderamente amas a alguien, ¿no es más simple disfrutarlo? Puede que sea demasiado idealista, pero sería genial que las parejas "normales" fuesen aquellas que salen indistintamente juntos o separados, que no se llaman 400 veces al día, ni hablan una hora cada noche. Aquellos que, si no se ven, sencillamente se echan de menos. Los que cuando pueden verse a solas hacen el amor apasionadamente, no dejan tiempo a discusión. Los que no se exigen. Los que en lugar de pensar: ¿Estará mirando a ésa?, piensan: "Mirad vosotras, llevo a mi chico al lado".
Sin más palabras: VIVIR, porque el resto es perder el tiempo, un suicidio lento.
-Se acaba. Pronto desaparecerá.
-¿Qué hacemos?
-Disfrutarlo.
jueves, 5 de abril de 2012
+Y entonces, ¿Por qué lo rechaza? - Porque es el único hombre capaz de hacerle lo que ella hace a los demás. + ¿Intrigar, manipular y seducir?