Si morir de ganas fuere una afición, caí en la tentación. Y estoy en contra de mi, de mi pensamiento libre, independiente. Mi mente quiere tenerte; más aún, pertenecerte.
Fuera de mi. Así me encuentro. Imaginando ciertos momentos que espero. Espero. Yo, la chica que no espera, pero sueña. Y mi imaginación enferma te piensa. Tus manos en mis tobillos, tu boca subiendo mis piernas... Tus ojos, mirándome a los ojos.
Tú, encendiéndome por dentro. Aficionada a dejarme llevar por la casualidad... muriendo de ganas por llegar.
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martes, 25 de noviembre de 2014
lunes, 17 de noviembre de 2014
No soy esa chica
La que después del trabajo te espera con una gran sonrisa, y tras tu duro día está dispuesta a escuchar. La que se entusiasma fácilmente con tu conversación y pregunta sonriendo para saber más. Tú decides de qué hablar, generalmente de ti, y cuándo acabar. Y alguna vez preguntas, y ella te dice que está bien. Ella, la que parece que está de pega, el complemento perfecto para un día libre, siempre dispuesta. No soy la chica que espera.
Sí, existen chicas "perfectas" cuyas ambiciones no llegarán nunca más allá de tus anhelos; cuyo estado de ánimo varía según el tuyo y sus aficiones se amoldan a tu tiempo libre. No. No soy aquella que va a limitarse a un trabajo simple mientras tú progresas en tu carrera. Ni aquella otra que te espera en el hogar. Me gustaría, a veces me gustaría ser ella, porque es feliz con poco, pero yo quiero más.
Soy ambiciosa, jodidamente ambiciosa. Y si para ello tengo que estar sola, ¡adelante! Para mi es todo un placer, un reto. Siempre he querido hacerlo todo sola. Por y para mi. Y eso no quita que sea una mujer, claro que soy una mujer, y claro que creo en el amor. Pero en pareja, busco la pasión más que la seguridad, y cuando la pasión se acaba cojo las maletas y me voy.
No voy a sentirme mal por no tener un té preparado para las visitas, ni fea por ir desmaquillada. En casa llevo un "jopo", bata y gafas. Te aguantas. Y si no te gusta, te vas. Fuera, ¡vamos! ¡Largo de mi vida! No quiero nadie que me limite, no quiero nadie que me diga que voy mal vestida mientras busco información sobre cuatro piedras. No quiero a ese hombre, quiero mis cuatro piedras.
Me niego. Me niego a pensar que a los hombres únicamente les interese el primer tipo de chica; y me niego a pensar que haya tantas "sumisas" o poco exigentes. ¡Claro que las hay! ¡Tiene que haberlas! ¡En la variedad está el gusto! Y hay una persona perfecta para otra. Me niego a pensar que por exigente no sea perfecta para nadie, debe haber alguien igual de exigente que no aporte más de lo que yo aporte, ni tampoco menos. Debe haber alguien que merezca la pena conocer. Y mientras tanto, vuelo.
VUELO, que no quiere decir que vaya de flor en flor, ni de capullo en capullo. Sino que vivo. Y vivir implica hacer proyectos, dedicar tiempo a mis aficiones, a mis manías, a aquellos pequeños detalles que me harán perfecta para alguien. Porque tiene que haber alguien que observe que hojeo el periódico del revés, que no me gusta el pescado o que arranco hojas de los árboles cuando camino sola. Debe haber alguien que odie la poesía interesado en leer mi poema favorito, por mi, por conocerme. Porque soy increíble y preciosa. Lo sé, lo dice mi padre y me lo decís muchas veces. Y aún así en ocasiones lo olvido, y trato de conocer personas que me miran y no me ven, mientras en 5 minutos yo ya sabía lo que debía hacer, sólo por el hecho de que creo que "merecen la pena". Y sí, todo el mundo merece la pena, pero generalmente para otra persona.
¿Para ti? Camina. Va a llegar, en algún momento chocará contigo. Incluso en ocasiones puede que ese único alguien en tu vida seas tú, y tampoco pasa nada. Pero me niego, me niego a conformarme con una pareja oficial y a sentir, así de vieja "que nada provino nunca de mi capacidad de amar".
miércoles, 22 de octubre de 2014
Muchacha imperfecta
Hay un poema de Gonzalo Rojas que desde la primera lectura me llamó la atención: "El Enigma de la Deseosa". Y dice así:
Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas,
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.
Entonces no conocía de Ovidio, aunque lo presumía antiguo escritor bien importante, y aún así me maravilló la hermosura y simplicidad del lenguaje. Quedé impregnada por el mensaje, y me sentí identificada desde el primer instante, apenas sabiendo lo que significaba.
Ya conociendo a Ovidio, años más tarde, cayó en mis manos "El arte de amar". Hace dos años que su lectura es una exigencia. Todo hombre que se precie digno y de buen talante debe llevar impregnadas en el alma sus letras.
Hace dos años me convertí en la "muchacha imperfecta".
martes, 21 de octubre de 2014
19 Octubre 2014
Vivir deprisa,
ver la muerte en embestida.
Piensa rápido, se acaba la partida.
Acelerar o frenar,
no hay marcha atrás,
piensa rápido, será el final.
ver la muerte en embestida.
Piensa rápido, se acaba la partida.
Acelerar o frenar,
no hay marcha atrás,
piensa rápido, será el final.
martes, 30 de septiembre de 2014
Devaneos
Hace algunos años, cuando sonreír estaba libre de intención y los pies eran el transporte más veloz, había una idea que en mi cabeza que me atormentaba casi cada noche. Y casi cada día. En mis sueños, pensamientos que irrumpían en cualquier momento, me imaginaba yo a cierto gran hombre. Era un gigante. A veces un cíclope. Era un ser enorme en una enorme cama. Siempre estaba dormido, y soñaba. Y yo... yo le hacía preguntas. ¡Y a veces me contestaba!
El Gran Hombre tenía un sueño eterno. Al ser tan grande, supongo que su tiempo sería distinto. Y en su sueño estaba yo. Mi vida, nuestras vidas. El planeta tierra al completo. Y en cierta ocasión este hombre me dijo que si él no dormía, yo no viviría. Que no me daba cuenta, pero no era más que producto de su imaginación. Que mi destino dependía de sus caprichos. Nunca abandoné la idea de si no somos más que un juego en manos de alguien... Alguien que quizás despierte en cualquier momento y nos deje de pensar.
Del mismo modo, otras veces, soñaba que soñaba. Sí, en esta ocasión era yo la que tumbada en la cama manejaba destinos a mi albedrío. De mi parecer dependía si seguían con vida, o no. Y también me preguntaban si ellos se sentían mi juego. Si de verdad existían. Si ese mundo de mis sueños era real en alguna otra dimensión. Si fuese así perdónenme queridos personajes, yo los hacía volar y era demasiado fantasiosa, los golpes debieron ser duros.
Por último, otra de mis inquietudes, no menos importante, era si, al darme yo la vuelta, el mundo quedaba paralizado. Sí, quizás fuese demasiado egocéntrica. Pero pensaba que el mundo no era más que yo, que pasaban cosas demasiado raras, demasiadas intrigas, demasiados rumores, muchas situaciones en las que yo y sólo yo era el centro de toda atención. Llegué a pensar que era así. Que mi madre cuando yo salía de casa quedaba "paralizada" como una especie de robot que se desactiva. Pero luego yo volvía a casa, y todo estaba hecho. Aquello debía ser una especie de programación, porque así lo había previsto mi imaginación.
También, cuando conversaba con amigas, pensaba que al darme la vuelta quedarían inmovilizadas. Que el murmullo que oía no eran ya más que los ecos de mi cabeza, que tenía tanto poder que creaba algo a mi alrededor que en realidad no era. Y que era capaz de manejarlo.
Y ahora... vuelven a surgir esos pensamientos. ¿No seré en el fondo un eco? ¿O tal vez soy tan poderosa que puedo dominar el mundo? ¡¡Hacer grandes cosas!! Dice Neruda que un poeta tiene siempre grandes planes para enriquecerse, mas no suelen dar resultado. Sin embargo, en ese proceso de maquinación y entusiasmo, la auto-realización es innegable. Y uno, tomándose el mundo más o menos a risa, al no ser más que un juego de sueños (de unos y otros, pero sueños), aprende a manejar la realidad, a actuar, a dominar su persona. A no doblegarse ante nadie, mas a apocarse. A ser el rey del mundo, dueño y señor, Dios de la vida, de su propia vida.
El Gran Hombre tenía un sueño eterno. Al ser tan grande, supongo que su tiempo sería distinto. Y en su sueño estaba yo. Mi vida, nuestras vidas. El planeta tierra al completo. Y en cierta ocasión este hombre me dijo que si él no dormía, yo no viviría. Que no me daba cuenta, pero no era más que producto de su imaginación. Que mi destino dependía de sus caprichos. Nunca abandoné la idea de si no somos más que un juego en manos de alguien... Alguien que quizás despierte en cualquier momento y nos deje de pensar.
Del mismo modo, otras veces, soñaba que soñaba. Sí, en esta ocasión era yo la que tumbada en la cama manejaba destinos a mi albedrío. De mi parecer dependía si seguían con vida, o no. Y también me preguntaban si ellos se sentían mi juego. Si de verdad existían. Si ese mundo de mis sueños era real en alguna otra dimensión. Si fuese así perdónenme queridos personajes, yo los hacía volar y era demasiado fantasiosa, los golpes debieron ser duros.
Por último, otra de mis inquietudes, no menos importante, era si, al darme yo la vuelta, el mundo quedaba paralizado. Sí, quizás fuese demasiado egocéntrica. Pero pensaba que el mundo no era más que yo, que pasaban cosas demasiado raras, demasiadas intrigas, demasiados rumores, muchas situaciones en las que yo y sólo yo era el centro de toda atención. Llegué a pensar que era así. Que mi madre cuando yo salía de casa quedaba "paralizada" como una especie de robot que se desactiva. Pero luego yo volvía a casa, y todo estaba hecho. Aquello debía ser una especie de programación, porque así lo había previsto mi imaginación.
También, cuando conversaba con amigas, pensaba que al darme la vuelta quedarían inmovilizadas. Que el murmullo que oía no eran ya más que los ecos de mi cabeza, que tenía tanto poder que creaba algo a mi alrededor que en realidad no era. Y que era capaz de manejarlo.
Y ahora... vuelven a surgir esos pensamientos. ¿No seré en el fondo un eco? ¿O tal vez soy tan poderosa que puedo dominar el mundo? ¡¡Hacer grandes cosas!! Dice Neruda que un poeta tiene siempre grandes planes para enriquecerse, mas no suelen dar resultado. Sin embargo, en ese proceso de maquinación y entusiasmo, la auto-realización es innegable. Y uno, tomándose el mundo más o menos a risa, al no ser más que un juego de sueños (de unos y otros, pero sueños), aprende a manejar la realidad, a actuar, a dominar su persona. A no doblegarse ante nadie, mas a apocarse. A ser el rey del mundo, dueño y señor, Dios de la vida, de su propia vida.
viernes, 26 de septiembre de 2014
lunes, 25 de agosto de 2014
Fin
Era la chica perfecta, ideal para nadie. Se cansó de dar amor. Llegó la hora de volverse inaccesible, de nuevo. De ser fría y renunciar a lo que más quería, que en esos momentos era él (y no lo sabía).
Llego el momento de ser fiel, esta vez a sí misma. De no perder su autoestima por ampliar la suya. De no ser quien disimula. De no fingir ser la gran amiga, aún siéndolo, en lugar de la chica que escribe poesía.
Llegó el día en que "no me importa el qué dirán" ya no tenía sentido. Una no se enfrenta sola al mundo si le hace daño lo prohibido.
Llegó el instante en que dijo "Basta". Y recobró el orgullo. Y sintió el ridículo. Padeció la vergüenza por su anterior desvergüenza, por su atrevimiento al ser osada. Y descarada. Acabó con los llantos entre luces apagadas.
Ya no se aguantaría las ganas.
Cesó el amor. No había tantas.
Llego el momento de ser fiel, esta vez a sí misma. De no perder su autoestima por ampliar la suya. De no ser quien disimula. De no fingir ser la gran amiga, aún siéndolo, en lugar de la chica que escribe poesía.
Llegó el día en que "no me importa el qué dirán" ya no tenía sentido. Una no se enfrenta sola al mundo si le hace daño lo prohibido.
Llegó el instante en que dijo "Basta". Y recobró el orgullo. Y sintió el ridículo. Padeció la vergüenza por su anterior desvergüenza, por su atrevimiento al ser osada. Y descarada. Acabó con los llantos entre luces apagadas.
Ya no se aguantaría las ganas.
Cesó el amor. No había tantas.
viernes, 18 de julio de 2014
Por mi libertad
Y, aun siendo tuya, recuerda que no te pertenezco. Que estoy aquí de propia voluntad, porque me lo pide el cuerpo. Que igual que llegué puedo marchar, despacio o lento. Y recuerda, y no olvides, que también me puedo quedar.
Según me traten tus dedos. En base a tus caricias, me voy o me quedo.
Según me traten tus dedos. En base a tus caricias, me voy o me quedo.
martes, 8 de abril de 2014
Es necesario creer...
Y lo peor es que es una realidad. Te has ido y no vas a volver. Y me quedaron cosas por decirte, y nunca supe del todo lo que habías significado. Ha pasado la noche y me he dado cuenta de que es cierto, no estás. Te has ido, nos has dejado a todos. ¿Por qué? ¿Y por qué me duele tanto? Deberías haber sido una de esas personas que pasan por mi vida a diario sin sentido. Pero fuiste mucho más. Mucho más porque eras una grandísima persona. Porque tenías luz propia y todo brillaba a tu paso.
No cesan tus carcajadas en mi cabeza. Y miro a la pared, blanca, y veo tu cara. Veo tu sonrisa y tus ojos, ese sueño de sonrisa junto a la mirada que cualquiera querría. Me enseñaste la nobleza de tu alma y eso es imposible de olvidar. Era demasiado obvia, demasiado clara, demasiado mágica.
Estabas vivo. Eras el más vivo de todos. Eras fuerte. Eras un terremoto. Y no estás, así de repente. Es como cuando vas conduciendo, "se ha puesto el semáforo rojo de repente". No es así, nunca pasa así, antes está en ámbar. Pero no lo has visto, te has despistado y no te explicas como puede pasar de un extremo a otro en un segundo. Me alegro de no haberlo visto. Aunque duela imaginar que nunca nos volveremos a cruzar, aunque cueste asimilarlo, es mejor un recuerdo limpio. Un recuerdo de ti en toda tu grandeza, en toda tu humanidad, en plena vida. Un recuerdo que la agonía de la enfermedad no ha podido perturbar.
Es uno de esos momentos en que rezo. Rezo. Yo que nunca rezo, que no creo en dioses ni vírgenes, ni en iglesias católicas u ortodoxas. Rezo a ese "algo más" por que no sufrieras demasiado, por que no fuese un proceso largo. Porque te llevara así, feliz. Y corriendo, como tú lo hacías detrás del balón. Y rezo porque necesito creer que existe ese "algo más" que te dará un lugar. Un lugar donde hagas felices a los demás como hiciste aquí con todo aquel al que te cruzaste. Un lugar donde vivas sin dolor y donde algún día nos volvamos a encontrar.
No cesan tus carcajadas en mi cabeza. Y miro a la pared, blanca, y veo tu cara. Veo tu sonrisa y tus ojos, ese sueño de sonrisa junto a la mirada que cualquiera querría. Me enseñaste la nobleza de tu alma y eso es imposible de olvidar. Era demasiado obvia, demasiado clara, demasiado mágica.
Estabas vivo. Eras el más vivo de todos. Eras fuerte. Eras un terremoto. Y no estás, así de repente. Es como cuando vas conduciendo, "se ha puesto el semáforo rojo de repente". No es así, nunca pasa así, antes está en ámbar. Pero no lo has visto, te has despistado y no te explicas como puede pasar de un extremo a otro en un segundo. Me alegro de no haberlo visto. Aunque duela imaginar que nunca nos volveremos a cruzar, aunque cueste asimilarlo, es mejor un recuerdo limpio. Un recuerdo de ti en toda tu grandeza, en toda tu humanidad, en plena vida. Un recuerdo que la agonía de la enfermedad no ha podido perturbar.
Es uno de esos momentos en que rezo. Rezo. Yo que nunca rezo, que no creo en dioses ni vírgenes, ni en iglesias católicas u ortodoxas. Rezo a ese "algo más" por que no sufrieras demasiado, por que no fuese un proceso largo. Porque te llevara así, feliz. Y corriendo, como tú lo hacías detrás del balón. Y rezo porque necesito creer que existe ese "algo más" que te dará un lugar. Un lugar donde hagas felices a los demás como hiciste aquí con todo aquel al que te cruzaste. Un lugar donde vivas sin dolor y donde algún día nos volvamos a encontrar.
lunes, 7 de abril de 2014
Y el mundo es un lugar fugaz, más breve e intenso de lo que yo creía...
Estaba vivo, era el más vivo de todos. Corría por aquellas escaleras arriba y abajo. Siempre buscaba a alguien, a una de las chicas de su pueblo, y normalmente para nada. Pero sus ojos recorrían todo el A.42 y una sonrisa pícara se dibujaba en su cara. Observaba el ir y venir de chicas a su alcance. Y lo llamaban, lo llamaban porque no podía entrar al pasillo de las chicas. Le regañaban y amenazaban con castigos una y otra vez, pero salía airoso porque decía que sólo estaba asomado a la puerta. Claro, normalmente ponía a alguien a vigilar antes de entrar. Cuando el formador llegaba, él ya estaba fuera.
Se sentaba en las escaleras al salir de clase a ver a todas bajar, y era el primero en sentarse en el comedor al lado de cualquier chica guapa. Jugaba con la comida, siempre hacía trastadas. Me enseñó a robar comida del comedor. Lo que sobraba de las meriendas. Él siempre sonreía y nadie le regañaba.
Jugaba al fútbol, a las cartas, estudiaba. Y reía joder, reía. Reía sin parar. Tenía unos dientes perfectos, una boca perfecta, unos ojos grandes y expectantes. Era como si supiera que tenía que abrirlos mucho para ver todo lo que había en el mundo, porque era muy grande eso de allá afuera. Casi se salían de sus órbitas, él era impresionable, siempre estaban así. Excepto cuando guiñaba, cuando guiñaba y sonreía. Conseguía lo que quería.
Y pasan los años, y la gente se olvida y hace sus vidas. Y un día ves una foto, y decides que quieres saber más de esa persona, que quieres recordar, que ¿cómo será de guapo ahora? Y de repente ya no está. Quizás siempre supo que no tenía mucho tiempo.
Ese huracán de energía se fue. Eras ruido, y te has convertido en silencio.
Y no es que me dejes el corazón vacío, porque realmente nunca lo llenaste. Pero el alma anda desconcertada. No se ha ido un compañero, no se ha ido un amigo. Te has ido tú. Tú como persona. Tú como esa inyección de energía que tu alrededor necesitaba. Tú como el arcoiris en los días de lluvia. Tú como el Sol en los días grises. Tú como la energía que hacía falta dentro de aquella monotonía de internado ubetense. Tú como la fuerza del mundo. Tú, como paradigma de la VITALIDAD.
¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo la vida da semejantes regalos al mundo y luego se los quita?
Se sentaba en las escaleras al salir de clase a ver a todas bajar, y era el primero en sentarse en el comedor al lado de cualquier chica guapa. Jugaba con la comida, siempre hacía trastadas. Me enseñó a robar comida del comedor. Lo que sobraba de las meriendas. Él siempre sonreía y nadie le regañaba.
Jugaba al fútbol, a las cartas, estudiaba. Y reía joder, reía. Reía sin parar. Tenía unos dientes perfectos, una boca perfecta, unos ojos grandes y expectantes. Era como si supiera que tenía que abrirlos mucho para ver todo lo que había en el mundo, porque era muy grande eso de allá afuera. Casi se salían de sus órbitas, él era impresionable, siempre estaban así. Excepto cuando guiñaba, cuando guiñaba y sonreía. Conseguía lo que quería.
Y pasan los años, y la gente se olvida y hace sus vidas. Y un día ves una foto, y decides que quieres saber más de esa persona, que quieres recordar, que ¿cómo será de guapo ahora? Y de repente ya no está. Quizás siempre supo que no tenía mucho tiempo.
Ese huracán de energía se fue. Eras ruido, y te has convertido en silencio.
Y no es que me dejes el corazón vacío, porque realmente nunca lo llenaste. Pero el alma anda desconcertada. No se ha ido un compañero, no se ha ido un amigo. Te has ido tú. Tú como persona. Tú como esa inyección de energía que tu alrededor necesitaba. Tú como el arcoiris en los días de lluvia. Tú como el Sol en los días grises. Tú como la energía que hacía falta dentro de aquella monotonía de internado ubetense. Tú como la fuerza del mundo. Tú, como paradigma de la VITALIDAD.
¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo la vida da semejantes regalos al mundo y luego se los quita?
lunes, 10 de marzo de 2014
Pacta sunt servanda
Será que me gustan las personas que van de frente. Será que tengo algo en la mente.
Será que olvido que estás ausente. Será que quiero verte de repente.
Será que sueño que no has sido un viento. Será que pienso que quiero.
Será un mañana que nunca llega. Será la vida que espera.
Será que la agonía de esperar se cansa, será que no estoy de guasa. Será que la espera provoca el llanto, y con el llanto el desinterés llega también.
Y no será, sino que es. Es cierto que estás y no estás. Que das sin esperar, y esperas sin recibir. Y das un poco más. Y esperas. Y tampoco recibes. Y dejas de dar. Y llegan las quejas.
Es y será que crees en la palabra que te dan, y en la que no te dan. Porque la tuya es una extensión de ti misma. Y te enseñaron el pundonor. Pero aquello ya no existe, fue una utopía de un padre tradicional. ¿Será que se pierden las cosas importantes? O será... será que la gente ya no vale.
Será que olvido que estás ausente. Será que quiero verte de repente.
Será que sueño que no has sido un viento. Será que pienso que quiero.
Será un mañana que nunca llega. Será la vida que espera.
Será que la agonía de esperar se cansa, será que no estoy de guasa. Será que la espera provoca el llanto, y con el llanto el desinterés llega también.
Y no será, sino que es. Es cierto que estás y no estás. Que das sin esperar, y esperas sin recibir. Y das un poco más. Y esperas. Y tampoco recibes. Y dejas de dar. Y llegan las quejas.
Es y será que crees en la palabra que te dan, y en la que no te dan. Porque la tuya es una extensión de ti misma. Y te enseñaron el pundonor. Pero aquello ya no existe, fue una utopía de un padre tradicional. ¿Será que se pierden las cosas importantes? O será... será que la gente ya no vale.
domingo, 16 de febrero de 2014
Y si...
¿Y si para verme no hay que mirarme ni admirarme, sino leer unas letras? ¿Y si bastara con unas páginas, cientos de páginas, para saber mi historia? ¿Y si mi historia no fuese mía, sino un montón de historias leídas entrelineas de otros que no soy yo? ¿Y si me crees vestida, pero te di desnuda el alma? Así, engalanada de poesía. Engañosa, retorcida, dudosa, pura, llena o vacía. Poesía. De otros que no soy yo, pero que leyeron mi mirada. ¿Y si para ser tuya has de desnudarme el alma? En el pecho, en las entrañas...
lunes, 10 de febrero de 2014
Tengo ganas.
Tengo ganas.
De quererte y que me quieras.
De que nos amemos.
Nos odiemos,
nos tumbemos,
nos enfrentemos.
De volvernos a querer.
De quererte y que me quieras.
De que nos amemos.
Nos odiemos,
nos tumbemos,
nos enfrentemos.
De volvernos a querer.
sábado, 8 de febrero de 2014
Los gatos no pertenecen a nadie
Le estaba echando de menos. Pero se contenía. Se había dado cuenta de que arrimarse no era tan fácil sin caricias, y el ronroneo era cosa de gatos. Y si, era un gato. Por eso había permanecido a su lado.
Respondía, respondía siempre a las miradas, a los gestos, a las caricias. Con las provocaciones, arañaba. Cuando fueran, no importaba. Era un gato, se adaptaba. Las distancias de tiempo eran dispares, y aún se quedaba. Todo estaba bien. No había prisas, no había contratos. La comodidad primaba.
Y desapareció. Porque los gatos no pertenecen a nadie.
Respondía, respondía siempre a las miradas, a los gestos, a las caricias. Con las provocaciones, arañaba. Cuando fueran, no importaba. Era un gato, se adaptaba. Las distancias de tiempo eran dispares, y aún se quedaba. Todo estaba bien. No había prisas, no había contratos. La comodidad primaba.
Y desapareció. Porque los gatos no pertenecen a nadie.
domingo, 2 de febrero de 2014
Libros
El problema es que todo lo aprendí de los libros. Todo. Y no dejan de ser eso, libros. Todo lo aprendí como ellos lo contaban, a través de sus palabras, con pasión. Pero era pasión literaria, no humana. Quizás, tan sólo si alguien me hubiese enseñado una sola de las cosas de la vida, habría sido distinto. Si únicamente me hubiesen explicado otros cómo era vivir la realidad, al menos habría estado preparada para alguna de las cosas de la vida. Pero los libros no te preparan para eso. Ellos te preparan para soñar o angustiarte hasta el final. Y luego cerrar la página. A lo mejor es eso lo que no aprendí. Hay que cerrar más páginas.
miércoles, 29 de enero de 2014
Las heridas, con saliva
Ella estaba hecha así como de sal. Había brotado tanto dolor de aquellos ojos que se habían secado. Y no es que no doliera, no. Al contrario, las heridas escocían aún más. Pero no importaba, ella se había hecho a su nueva piel, y ahora la usaba como defensa. Así, cuando algún ente extraño la rozaba podía sentir aquél mismo escozor. No obstante, no era impedimento para que muchos valientes se acercasen a verla, a intentar "ser él". Brillaba de lejos con el Sol, y ellos, que podían verla, irremediablemente se sentían atraídos por aquella figura marmórea. Seguían viendo el brillo aún más cerca. Casi rozándola, sus destellos eran más grandes aún. Pero ¡ay! de aquellos que se atrevían a tocarla. Los que no huían despavoridos, se hacían a un lado a observar, a ver de qué manera aquello desaparecía sin tocar. Llegaba un momento en que todos los que lo intentaban olvidaban el porqué estaban allí, ya sus ojos deslumbrados perdían su instinto primero, se limitaban a hacerse a un lado, como si aquello sólo hubiese sido un sueño. Un mal sueño, de esos que no apetece recordar. No volvían la vista atrás. De vez en cuando un saludo, una sonrisa apreciando el arte escultórico que ella representaba. Y ninguno, ninguno lamió sus heridas.
jueves, 16 de enero de 2014
Paciencia.
La paciencia no se hizo para que yo te esperara. Se hizo para que esperásemos juntos. La esperanza no es el deseo infinito de algo que está por llegar, no es la angustia interminable que ruega posibilidades. La esperanza es que miremos el mutuo verde de nuestros ojos y soñemos. Y soñemos en el aire, en la cama, en castillos. De pie, sentados, tumbados... Recogiendo lirios, partiendo el heno, arañando la manta que cubre la dermis. Desnudando el espíritu, desechando las sobras. La esperanza es que yo te mire y tú me mires, y haya un beso entre los dos. Que se funda el sueño eterno de un amor.
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