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martes, 30 de septiembre de 2014

Devaneos

     Hace algunos años, cuando sonreír estaba libre de intención y los pies eran el transporte más veloz, había una idea que en mi cabeza que me atormentaba casi cada noche. Y casi cada día. En mis sueños, pensamientos que irrumpían en cualquier momento, me imaginaba yo a cierto gran hombre. Era un gigante. A veces un cíclope. Era un ser enorme en una enorme cama. Siempre estaba dormido, y soñaba. Y yo... yo le hacía preguntas. ¡Y a veces me contestaba!
     El Gran Hombre tenía un sueño eterno. Al ser tan grande, supongo que su tiempo sería distinto. Y en su sueño estaba yo. Mi vida, nuestras vidas. El planeta tierra al completo. Y en cierta ocasión este hombre me dijo que si él no dormía, yo no viviría. Que no me daba cuenta, pero no era más que producto de su imaginación. Que mi destino dependía de sus caprichos. Nunca abandoné la idea de si no somos más que un juego en manos de alguien... Alguien que quizás despierte en cualquier momento y nos deje de pensar.
     Del mismo modo, otras veces, soñaba que soñaba. Sí, en esta ocasión era yo la que tumbada en la cama manejaba destinos a mi albedrío. De mi parecer dependía si seguían con vida, o no. Y también me preguntaban si ellos se sentían mi juego. Si de verdad existían. Si ese mundo de mis sueños era real en alguna otra dimensión. Si fuese así perdónenme queridos personajes, yo los hacía volar y era demasiado fantasiosa, los golpes debieron ser duros.

     Por último, otra de mis inquietudes, no menos importante, era si, al darme yo la vuelta, el mundo quedaba paralizado. Sí, quizás fuese demasiado egocéntrica. Pero pensaba que el mundo no era más que yo, que pasaban cosas demasiado raras, demasiadas intrigas, demasiados rumores, muchas situaciones en las que yo y sólo yo era el centro de toda atención. Llegué a pensar que era así. Que mi madre cuando yo salía de casa quedaba "paralizada" como una especie de robot que se desactiva. Pero luego yo volvía a casa, y todo estaba hecho. Aquello debía ser una especie de programación, porque así lo había previsto mi imaginación.
     También, cuando conversaba con amigas, pensaba que al darme la vuelta quedarían inmovilizadas. Que el murmullo que oía no eran ya más que los ecos de mi cabeza, que tenía tanto poder que creaba algo a mi alrededor que en realidad no era. Y que era capaz de manejarlo.
     Y ahora... vuelven a surgir esos pensamientos. ¿No seré en el fondo un eco? ¿O tal vez soy tan poderosa que puedo dominar el mundo? ¡¡Hacer grandes cosas!! Dice Neruda que un poeta tiene siempre grandes planes para enriquecerse, mas no suelen dar resultado. Sin embargo, en ese proceso de maquinación y entusiasmo, la auto-realización es innegable. Y uno, tomándose el mundo más o menos a risa, al no ser más que un juego de sueños (de unos y otros, pero sueños), aprende a manejar la realidad, a actuar, a dominar su persona. A no doblegarse ante nadie, mas a apocarse. A ser el rey del mundo, dueño y señor, Dios de la vida, de su propia vida.

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