-Haz una lista. Enumera en ella a todas aquellas personas que amas, admiras, quieres o aprecias.
Coge otro papel, de distinto color. Escribe ahí los nombres de aquellos que te han fallado, o sencillamente no soportas.
-¿Para qué?
- Para no olvidarlo. Es la manera que tienes de que la vida pague en justo nivel. Porque, si no lo haces, siempre serás un ser mediocre.
-Pero... ¿no se da cuenta de que la lista cambia? Ya desde el primer momento la primera lista ha de ser inferior a la segunda, pues difícil es confiar en los demás. Siempre un miembro de su lista blanca podrá pasar a la negra, constantemente pasará. Y... sorprendentemente, alguno de esa artificial lista negra, en la que habrá gente del todo dispar, también podría ganarse con tiempo su aprecio y admiración, ya fuere por rivalizar. Aún así, en caso de seguir sus reglas... Escribiendo y borrando si usted acepta estos cambios... Llegará un momento en que para la lista negra no quede papel... En la calle no veremos más que caras negras, y no quedará imaginación para tanto desprecio.
-Pero si no hay venganza, pequeño inútil, se reirán de ti.
- Creo en la indiferencia y el olvido. Olvidaré la lista negra en que desde hoy estaré para usted. Y de seguro tenga razón. Mas yo prefiero ser feliz mediocre, mi señor, que un triste y ruín sin corazón.
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