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viernes, 27 de enero de 2012

Desayuno con diamantes




1961: Una exquisita Audrey Hepburn  y un atractivo e irresistible George Peppard se unen, de rebote y casualidad, para dar vida a Holly y Paul. Como resultado, nada más y nada menos que Desayuno con Diamantes (Breakfast at Tiffany's), cuya canción principal no nos resulta nada indiferente: Moon river, qué genialidad.

     Sin duda, lo que más me gusta de esta película y, posiblemente, de todas las que me gustan, es verme reflejada en ése personaje principal. Supongo que todas, alguna vez, nos sentimos indecisas e incomprendidas. O puede que, sencillamente, queramos evitar que nos hagan daño.
     Sólo quería, ya que acabo de verla y he pasado un buen rato, recordar alguno de sus textos.
Audrey: "Sé lo que estás pensando y no te lo reprocho. Siempre he hecho el papel de alocada." Y, ciertamente, cada uno escoge su propio papel, y el excéntrico papel de la niña-adulta Holly, o Lullaby, a veces es el que me toca hacer a mi. Pero no es más que eso, un papel, una coraza. A veces divertida, otras evidente e insoportable. Para bien, o para mal, yo tampoco podría ir a ninguna parte sin que se fijaran en mi, será por la luz.

     Pero llega alguien, ese fantástico George Peppard, con su embaucadora mirada y su tal vez irónica sonrisa. Es ese Paul que todas estamos esperando. Porque no queremos enseñar lo que somos, por eso de las contradicciones y complicaciones de las mujeres, porque sencillamente somos así. Esperamos que llegue alguien que diga: "Sé que es un papel, pero yo conozco quien de verdad eres". Y que lo sepa él, porque te ha observado durante horas, durante días, no se lo has dicho tú. Sabe quién eres, y le gusta.
     Y llegaron estas míticas palabras, que toda chica desencantada del amor desea que lleguen a su vida:
-"¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir: Está bien, la vida es una realidad, las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la  verdadera felicidad. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje, y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tú misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma".

     Y quizás, en ese preciso instante sonriamos, porque era lo que esperábamos, y salgamos corriendo, imitando el final del guión. Todo así, para comenzar una idílica historia de amor. De esas de cuento, tal vez de un cuento de Paul.

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