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lunes, 7 de abril de 2014

Y el mundo es un lugar fugaz, más breve e intenso de lo que yo creía...

     Estaba vivo, era el más vivo de todos. Corría por aquellas escaleras arriba y abajo. Siempre buscaba a alguien, a una de las chicas de su pueblo, y normalmente para nada. Pero sus ojos recorrían todo el A.42 y una sonrisa pícara se dibujaba en su cara. Observaba el ir y venir de chicas a su alcance. Y lo llamaban, lo llamaban porque no podía entrar al pasillo de las chicas. Le regañaban y amenazaban con castigos una y otra vez, pero salía airoso porque decía que sólo estaba asomado a la puerta. Claro, normalmente ponía a alguien a vigilar antes de entrar. Cuando el formador llegaba, él ya estaba fuera.
     Se sentaba en las escaleras al salir de clase a ver a todas bajar, y era el primero en sentarse en el comedor al lado de cualquier chica guapa. Jugaba con la comida, siempre hacía trastadas. Me enseñó a robar comida del comedor. Lo que sobraba de las meriendas. Él siempre sonreía y nadie le regañaba.
     Jugaba al fútbol, a las cartas, estudiaba. Y reía joder, reía. Reía sin parar. Tenía unos dientes perfectos, una boca perfecta, unos ojos grandes y expectantes. Era como si supiera que tenía que abrirlos mucho para ver todo lo que había en el mundo, porque era muy grande eso de allá afuera. Casi se salían de sus órbitas, él era impresionable, siempre estaban así. Excepto cuando guiñaba, cuando guiñaba y sonreía. Conseguía lo que quería.
     Y pasan los años, y la gente se olvida y hace sus vidas. Y un día ves una foto, y decides que quieres saber más de esa persona, que quieres recordar, que ¿cómo será de guapo ahora? Y de repente ya no está.  Quizás siempre supo que no tenía mucho tiempo.
     Ese huracán de energía se fue. Eras ruido, y te has convertido en silencio.
     Y no es que me dejes el corazón vacío, porque realmente nunca lo llenaste. Pero el alma anda desconcertada. No se ha ido un compañero, no se ha ido un amigo. Te has ido tú. Tú como persona. Tú como esa inyección de energía que tu alrededor necesitaba. Tú como el arcoiris en los días de lluvia. Tú como el Sol en los días grises. Tú como la energía que hacía falta dentro de aquella monotonía de internado ubetense. Tú como la fuerza del mundo. Tú, como paradigma de la VITALIDAD.

     ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo la vida da semejantes regalos al mundo y luego se los quita?

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