yo fui feliz con eso que me dabas.
Tal vez no te llegué hasta el alma,
y a mi me bastó con tu mirada...
y con cada mañana despertar a tu lado y verte reír...
Te conocí en el camino.
Te quedaste conmigo
y llegamos hasta el fin.
LLAMEMOSLE COMIENZO.
Amigo, brillo que amenizaba mis mañanas.
Camino, corto se hacía si tú me hablabas.
La magia no eran tus manos ni una baraja,
la magia venía de tu alma.
La vi.
Te vi, y quise verte más, y tuve miedo de mi curiosidad.
Y me fuí. O tal vez me quedé, o frené, o aceleré.
Pausé.
A tu lado era fuerte y nunca me quise confundir.
Yo, independiente. Así llegué y así me fui.
Pero el corazón depende, y un buen trozo se quedó allí.
Se evaporó entre ríos y caminos, entre amaneceres rojos y tormentas, entre chocolates y cada momento que pasé contigo. Y en los que no pasé. Se quedó mi corazón en los besos que no te di, en los abrazos que fallé, en las miradas que te negué. Por miedo, por falta de confianza en ti o en mi, por ridícula estupidez humana. Dejé un trozo de mi perdido, cuando debió irse contigo.
Tal vez aún pueda llegar a ti y acompañarte. Hacerte saber que estoy aquí y no iré a ninguna parte. Que estás conmigo, que te vi, quizás pueda decirte lo que no fui capaz de decir:
Amigo, amor, compañero, que te quiero. Que compartí momentos contigo, alguno en sueños, que quiero volver a repetir. Que el camino no se acaba aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario