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miércoles, 25 de diciembre de 2013
Baila para mi
Se sonreía en silencio. Así, como para si misma, se le escapaba. ¿En qué estaría pensando mi caminante risueña? Y de pronto daba un brinco, alzaba la mano al cielo. Gesticulaba, reía, a veces incluso cantaba. De cuando en cuando alguien la miraba y sonreía también, ¿cómo no sentir, huracán de alegría? Agachaba la vista entonces, avergonzada. O quizás divirtiéndose. Sus mejillas rosadas se arrebolaban y volvía a reír. Procuraba serenarse, a veces lo conseguía. Pero caminaba tanto y tanto, que a cinco minutos de despistarse volvía a ser la niña que iluminó mi día.
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