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jueves, 26 de diciembre de 2013
¿Reparamos corazones?
De las innumerables opciones que existen sólo podemos quedarnos con una. A lo mejor no es la adecuada, pero me gusta creer que es la que tenía que ser, la que estaba pensada. Pero qué pasa si, consecuencia de la suma de decisiones que tomamos, se rompe algo. ¿Lo reparamos? ¿Lo dejamos así? Hay cosas que no se pueden reemplazar. Cogemos un poco de celo o pegamento intentando recomponer el puzzle, a veces en el intento vuelve a caerse un trozo de eso que hemos roto, y pretendemos elevarlo en nuestros brazos como si no pasara nada. Y una vez reunidas todas las piezas, una vez compactado el objeto que hemos roto queremos volver a la normalidad, como si nada pasara. Como si esas fisuras internas pudiesen taparse con un poco de barniz, como si nunca hubieran existido. Y no nos damos cuenta de que aquello que tratábamos de reparar ha sido moldeado por nuestras manos, ahora es otra cosa. Ahora es otra cosa, más triste, y duele.
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