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lunes, 2 de diciembre de 2013

Domingo

     Empezó a amar los domingos. Siempre había sido el día del tedio, del hastío, el peor día de la semana. Para todo el mundo siempre fue el lunes, y para ella el domingo. La víspera de la rutina, la jornada interminable. El paradigma de la monotonía. Ese día en que nunca había nada que hacer; o muchas cosas, pero no con quién.

     Y suavemente empezaron a llenarse las copas. El vino a escoger, distinto cada vez. "Lleno la tuya, esta vacía". Siempre lo hacía, nueva rutina.

     Y poco a poco los Domingos empezaron a plagarse de copas, de historias...

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